Cuando el termómetro no es suficiente para explicar el malestar
En verano, una situación habitual en oficinas y viviendas dotadas de grandes superficies acristaladas: la temperatura indicada es aceptable, a menudo entre 23 °C y 26 °C, y sin embargo los ocupantes cercanos a las ventanas o a las paredes acristaladas sienten un calor intenso. Este fenómeno no es subjetivo. Se explica por un parámetro físico distinto de la temperatura del aire: la temperatura radiante media (TRM), designada en inglés por el acrónimo MRT (Mean Radiant Temperature).
Reducir la consigna del sistema de climatización no resuelve este problema. Comprender por qué requiere adentrarse en la física del confort térmico.
La TRM: un parámetro fundamental del confort térmico
La temperatura radiante media representa la temperatura uniforme de un recinto ficticio en el que los intercambios radiativos entre el ocupante y las superficies circundantes serían equivalentes a los que se producen en su entorno real. Concretamente, se trata de la media ponderada de las temperaturas superficiales percibidas por el cuerpo humano en todas las direcciones.
Esta magnitud entra directamente en el cálculo de la temperatura operativa (To), indicador del confort térmico más representativo de la experiencia fisiológica real. En condiciones de baja velocidad del aire (inferior a 0,2 m/s), la temperatura operativa se calcula como la media aritmética de la temperatura del aire (Ta) y de la TRM (Tr):
To = (Ta + Tr) / 2
Así, una temperatura del aire de 24 °C asociada a una TRM de 38 °C, valor medible en las proximidades de una pared acristalada expuesta al sol, da una temperatura operativa de 31 °C, muy por encima de los umbrales de confort definidos por las normas ISO 7730 y EN 15251 (incorporadas posteriormente en la norma EN 16798-1).
El comportamiento térmico de un acristalamiento en verano
El vidrio ordinario, vidrio simple o doble acristalamiento estándar sin tratamiento energético, transmite una fracción significativa de la radiación solar incidente, en particular en las longitudes de onda del visible y del infrarrojo cercano. Bajo irradiación directa, la superficie interior de una pared acristalada puede alcanzar temperaturas elevadas. Estas superficies calentadas emiten entonces una radiación térmica hacia el interior del local, contribuyendo a elevar la TRM local.
Este fenómeno genera una asimetría de radiación: la parte del cuerpo expuesta al acristalamiento recibe un flujo radiativo notablemente más elevado que la parte opuesta. La norma ISO 7730 (Ergonomics of the thermal environment — Analytical determination and interpretation of thermal comfort, ISO 7730:2005) fija un límite de malestar por radiación asimétrica en 10 K para las paredes verticales calientes. Este umbral se supera habitualmente en presencia de un acristalamiento no tratado expuesto a la radiación directa en período estival.
Conviene subrayar que este mecanismo es independiente de la regulación de la temperatura del aire por la climatización. Reducir la consigna del sistema de enfriamiento no actúa directamente sobre la TRM, lo que explica la eficacia parcial de las instalaciones HVAC en los espacios con una alta proporción de superficies acristaladas, en particular los de orientación sur u oeste.
Diagnosticar un malestar de origen radiante: referencias prácticas
Antes de emprender una intervención técnica, es útil caracterizar objetivamente la fuente del malestar. Varios indicadores permiten distinguir un malestar de origen radiante de un malestar vinculado únicamente a la temperatura del aire:
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Medición diferencial: comparar la temperatura del aire en el centro de la habitación y a 0,5 m del acristalamiento, utilizando un termómetro de globo negro (instrumento de referencia para la estimación de la TRM local).
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Observación temporal: ¿el malestar aparece únicamente durante las franjas de irradiación directa? Una correlación con la posición del sol orienta claramente hacia una causa radiante.
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Asimetría percibida: una sensación de calor intenso en la parte del cuerpo orientada hacia el vidrio, en ausencia de corriente de aire perceptible, constituye un signo característico de la radiación asimétrica.
Para los proyectos terciarios, institucionales o escolares, un estudio térmico exhaustivo que integra los parámetros de rendimiento de los films solares permite cuantificar las ganancias esperadas en términos de reducción de TRM y temperatura operativa antes de cualquier instalación.
El film solar como palanca de reducción de la TRM
La aplicación de un film solar adhesivo sobre la superficie acristalada actúa directamente sobre la TRM reduciendo la fracción de radiación solar transmitida hacia el interior. Al limitar el flujo incidente, el film reduce el calentamiento de las superficies internas del local y, en consecuencia, reduce la radiación térmica reemitida hacia los ocupantes.
La eficacia de esta intervención depende directamente de la tasa de rechazo energético del producto seleccionado. A modo de ilustración:
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El Solar 80 C rechaza el 82% de la energía solar total, lo que representa una reducción sustancial del flujo entrante. Su transmisión luminosa visible es del 15%, adecuado para entornos donde el control de la radiación prima sobre la transparencia.
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El Solar 50 C ofrece un rechazo del 42% manteniendo al mismo tiempo una transmisión luminosa del 60%, preferido cuando las exigencias de aporte de luz natural son elevadas.
La gama de films solares de control térmico Solar Screen agrupa varias familias de productos, plateado, neutro, transparente, espejo sin tain, que cubren un amplio espectro de prestaciones térmicas y lumínicas, adaptadas a los condicionantes arquitectónicos, normativos y de uso propios de cada proyecto.
Conclusión
La sensación de calor en las proximidades de un acristalamiento en verano resulta principalmente de un aumento localizado de la temperatura radiante media, fenómeno no directamente corregido por la regulación de la temperatura del aire. Este mecanismo, formalizado por las normas ISO 7730 y EN 16798-1, es medible y cuantificable. El tratamiento del acristalamiento con film solar constituye una de las intervenciones más directas para reducir la radiación incidente, bajar la TRM local y mejorar el confort térmico real de los ocupantes, ya se trate de espacios residenciales, terciarios o institucionales.
